viernes, 15 de diciembre de 2017

Vida de un poema, de Luis Rogelio Nogueras

VIDA DE UN POEMA

El poema nace
mira con ojos asombrados e inocentes su primera
mañana en el mundo
–aún no sabe que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema balbucea una palabra pura
descubre los objetos cercanos y distantes
toca su propio rostro
sonríe
–aún no sabe que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema crece
rompe sus juguetes
da unos pasos
cae
vuelve a levantarse
–oye decir que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema sale a la calle
tiene su amor imposible
su pedazo de dicha y un rencor
–comienza a sospechar que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema se hace adulto
derriba ídolos de barro
gana amigos y enemigos
se casa fecunda un vientre
–tiene ya casi la certeza de que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema madura
aprende a comportarse en la mesa
perfila su estilo
suple pasión con experiencia
aprende a hacer posibles los amores imposibles
–está absolutamente seguro de que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema envejece
mira con paternal ternura
a los jóvenes poemas inexpertos
les envidia en secreto su fuego y desaliño
–no les dice que todo lo que les acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema agoniza
mira con ojos tristes y culpables su última
noche en el mundo
–no lo consuela saber
que también su muerte es simple repetición–

LUIS ROGELIO NOGUERAS

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Un poema de Luis Miguel Cruz

ESTUDIOS SOBRE LA LUZ

IX

Tú no estás tocada por la luz
tú eres la luz
tus venas son de luz
tus palabras son de luz
tus ojos son la luz
que mira las cosas
y las descubre

Voy a arreglar el mundo
para que tú lo veas

LUIS MIGUEL CRUZ

martes, 12 de diciembre de 2017

El amor, de Eduardo Galeano

EL AMOR

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron
con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
-¿Te han cortado?- preguntó el hombre.
-No -dijo ella-. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga
abierta. Y dijo:
-No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar.
Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó
aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes
para no reírse, cuando él le decía: -no te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas
y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la
boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba
saltos de euforia y gritaba: -¡lo encontré!, ¡lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
-Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas,
invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían
vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se
morían de vergüenza los soles y los dioses.

EDUARDO GALEANO

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Vidas apacibles

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida.
Cesar Vallejo

Y cada uno de ellos dijo:

-Mi vida es
un problema de matemáticas
con muchas ecuaciones sin resolver

-Mi vida es un kiko picante

-Mi vida es desatascar
las cañerías de la información

-Mi vida es una eterna reunión improductiva

-Mi vida es lanzar la misma consulta
una y otra vez
de mil maneras diferentes

-Mi vida es un EAN perdido de Mercadona

-Mi vida es una incógnita más grande
que la promoción aplicada

-Mi vida es una macro de Excel
y luego otra
y otra

-Mi vida es fabricar planes irresolubles

-Mi vida es una tómbola
tom-tom-tómbola

-Mi vida es un soplo de aire gélido
que me recorre el cuerpo desde el amanecer

-Mi vida es un continuo corta y pega

-Mi vida es aguantar el pis
todo el tiempo posible


E.
(poema colectivo de empleados IRI compilado por E.)

martes, 5 de diciembre de 2017

Hallazgo de la vida, de Vallejo

HALLAZGO DE LA VIDA

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.

Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos.

Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, le diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.

Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: quién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo
absolutamente inconocido.

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí!

Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias.

¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.

CÉSAR VALLEJO

lunes, 4 de diciembre de 2017

Canto III, de Ezra Pound

CANTO III
(fragmento)

Yo me sentaba en las gradas de la Dogana
Porque las góndolas costaban mucho aquel año,
Y no estaban "esas niñas", sólo había una cara
Y el Buccentoro veinte yardas allá, aullando "Stretti",
Y los rayos de la iluminación cruzados, aquel año, en el Morosini
Y pavos reales en casa de Koré, o pudo haber habido.
............Dioses flotan en el aire azur,
Brillantes dioses y Toscanos, de vuelta antes que el rocío se derramara.
Luz: y la primera luz aun antes que cayera ningún rocío.
Paniscos, y salidas del roble, dríadas,
Y del manzano, mélidas,
Por todo el bosque, y las hojas están llenas de voces,
Suspirantes, y las nubes se doblan sobre el lago,
Y hay dioses sobre ellas,
Y en el agua, las bañistas de blancura almendrada,
El agua plata vidrea los erectos pezones,
............Como Poggio los observara,
Venas verdes en el turquesa,
O las gradas grises llevan hacia arriba bajo los cedros.

EZRA POUND