viernes, 29 de abril de 2011

El autobús, de Leonard Cohen

EL AUTOBÚS

Fui el último pasajero del día.
Estaba solo en el autobús.
Me sentía contento de que se estuvieran gastando tanto dinero
sólo para llevarme por la Octava Avenida arriba.
¡Conductor! Grité, estamos usted y yo esta noche.
huyamos de esta gran ciudad
a una ciudad más pequeña más propia para el corazón,
conduzcamos más allá de las piscinas de Miami Beach,
usted en el asiento del conductor, yo varios asientos más atrás,
pero en las ciudades racistas cambiaremos de lugar
para mostrar lo bien que le ha ido arriba en el norte,
y busquemos para nosotros alguna diminuta villa pesquera americana
en la Florida desconocida
y aparquemos justamente al borde de la arena,
un enorme autobús como una señal,
metálico, pintado, solitario,
con matrícula de Nueva York.

LEONARD COHEN

jueves, 28 de abril de 2011

Las dificultades de describir un color, de Robert Hass

LA DIFICULTAD DE DESCRIBIR UN COLOR

Si dijese - al recordar en verano
la mancha roja de un cardenal
sobre la madera pelada y gris del invierno-

Si dijese - la cinta roja del sombrero de paja
de la niña a punto de besar
a su perro faldero, mientras lo acuna
en el cuadro de Renoir-

Si dijese fuego, si dijese sangre que mana de un corte-

O salpicaduras de amapola en el aire alquitranado del verano
en una ladera que azota el viento a las afueras de Fano-

Si dijese, el pendiente rojo en su lóbulo sedoso del que tira

cuando echa las cartas con una baraja de hojas caídas
hasta que salga la que quiere-

Pezón rosáceo, boca-

(¿Cómo no amar a una mujer
que te hace trampa con el tarot?)

Rojo, dije. De repente, rojo.

ROBERT HASS

lunes, 25 de abril de 2011

Los cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont

CANTO SEGUNDO
(fragmento)

¡Oh!, matemáticas severas, no os he olvidado desde que vuestras sabias
lecciones, más dulces que la miel, se derramaron en mi corazón, como
una ola refrescante. Instintivamente, desde la cuna, aspiraba a beber
en vuestra fuente más antigua que el sol, y sigo recorriendo el atrio
sagrado de vuestro templo solemne, yo, el más fiel de vuestros
iniciados. Había en mi espíritu una especie de melancolía, un no sé
qué
espeso como el humo, pero supe franquear religiosamente los peldaños
que llevan a vuestro altar y vosotras alejasteis de mí ese velo
obscuro, como el viento aleja a la mariposa. Pusisteis, en su lugar,
una frialdad excesiva, una consumada prudencia y una lógica
implacable. Con la ayuda de vuestra fortificante leche, mi
inteligencia se desarrolló rápidamente y tomó proporciones inmensas,
en medio de esa arrebatadora claridad que con tanta prodigalidad
otorgáis a quienes os aman con amor sincero. ¡Aritmética!, ¡álgebra!,
¡geometría!, ¡trinidad grandiosa!, ¡luminoso triángulo! El que no os
ha conocido es un insensato. Merecería la prueba de los mayores
suplicios, pues hay ciego desprecio en su despreocupada ignorancia,
pero, quien os conoce y os aprecia no desea ya otros bienes en la
tierra, se contenta con vuestros goces mágicos, y, llevado por
vuestras sombrías alas, sólo desea ya elevarse, con ligero vuelo,
construyendo una espiral ascendente, hacia la esférica bóveda de los
cielos.

CONDE DE LAUTRÉAMONT

miércoles, 20 de abril de 2011

Atontado, de Kurt Cobain

ATONTADO

No soy como ellos
pero puedo aparentarlo
El sol se ha ocultado
pero tengo una luz
El día se acabó
pero me estoy divirtiendo
Creo que estoy atontado
o quizá sólo estoy feliz
Creo que sólo soy feliz.
Mi corazón se ha roto
pero tengo un pegamento
Ayúdame a inhalarlo
para arreglarlo juntos:

Flotaremos por ahí
y nos colgaremos de las nubes
luego bajaremos
y tendremos una cruda

Despelleja al sol, duérmete
No te claves, el alma es barata
Lección aprendida
Deséame suerte
Alivia la quemadura
despiértame
Creo que estoy atontado
Creo que estoy atontado
Creo que estoy atontado

KURT COBAIN

martes, 19 de abril de 2011

Creciendo, de Mattie Stepanek

CRECIENDO (5)

Estamos creciendo.
Somos muchos colores de piel.
Somos muchos lenguajes.
Somos muchas edades y tamaños.
Somos muchos países...
Pero somos uno con la Tierra.
Cada uno tenemos un corazón.
Cada uno tenemos una vida.
Estamos creciendo, juntos,
por lo que debemos vivir como una familia.

MATTIE STEPANEK

viernes, 15 de abril de 2011

Todo lo que hay..., de Leonard Cohen

TODO LO QUE HAY QUE SABER DE ADOLPH EICHMANN

OJOS…………………………………………………………………… Normales
PELO…………………………………………………………………… Normal
PESO…………………………………………………………………… Medio
ESTATURA…………………………………………………………… Media
CARACTERÍSTICAS ESPECIALES……………………………… Ninguna
NUMERO DE DEDOS……………………………………………….. Diez
NUMERO DE DEDOS DE LOS PIES……………………………… Diez
INTELIGENCIA…………………………………………………….. Normal

¿Qué esperabais?

¿Espolones?

¿Enormes incisivos?

¿Saliva verde?

¿Locura?

LEONARD COHEN

jueves, 14 de abril de 2011

69 66666 ...6 9..., de Apollinaire

69 66666 ...6 9...

Los inversos 6 y 9
Son dibujados como una cifra exacta
69
dos serpientes fatídicas
Dos lombrices
Número impúdico y cabalístico
6 3 y 3
9 3 3 y 3
La trinidad
Que se vuelve a encontrar
La trinidad en todas partes
Con la dualidad
Pues 6 es dos veces 3
Y trinidad 9 tres veces 3
69 dualidad trinidad
Y los arcanos serían aún más sombríos
Pero tengo miedo a sondearlos
Quíen sabe si no se halla aquí la eternidad
Por encima de la roma muerte
Que se divierte con dar miedo
Pero el tedio me envuelve
Como un vago sudario de lúgubre encaje
Esta noche

GILLAUME APOLLINAIRE

miércoles, 13 de abril de 2011

Señales del cuerpo (I), de Maram al-Masri

SEÑAL I

así nos encontramos
cara a cara...
pecho con pecho
vientre con vientre
nos estrechamos
hasta confundirnos
envolviéndonos dilatándonos...
nos enroscamos
nos apartamos nos atraemos...
nos empujamos nos apretamos

sudamos

temblando

hasta dar a luz


MARAM AL-MASRI

jueves, 7 de abril de 2011

Montes de Chungnan, de Wang Wei

MONTES DE CHUNGNAN

Cordillera de Chungnan: desde la capital,
Cerro tras cerro, hasta el borde del mar.
Las nubes: si me vuelvo, contra mí se cierran;
La niebla turquesa: si entro en ella, se disipa.
En el pico central cambian las direcciones:
Diferente la luz, diferente la sombra en cada valle.
Por no pasar la noche al raso, llamo a un leñador:
Salta mi grito a través del torrente.

WANG WEI

miércoles, 6 de abril de 2011

Elegías de Duino (III), de Rainer Maria Rilke

ELEGÍA TERCERA

Una cosa es cantar a la amada. Otra, ¡ay!
a aquel escondido y culpable dios-río de la sangre.
Ése al que ella reconoce de lejos, su amante juvenil, qué sabe él
del señor del placer que, a menudo, desde su soledad,
antes que la muchacha lo aliviase, a menudo también, como si ella
no existiese, erguía su cabeza de dios, ¡ay!, chorreando desde lo incognoscible,
invitando a la noche a un tumulto sin fin.
¡Oh, el Neptuno de la sangre!, ¡oh su temible tridente!
¡Oh el soplo oscuro de su pecho nacido de una sinuosa caracola!
Oye cómo la noche se abre en valles, se ahonda. Ah, vosotras, estrellas,
¿no surge de vosotras el gozo del amante al ver el rostro
de su amada? La visión interior que él tiene de su frente pura,
¿no le viene de la pureza de las constelaciones?

No fuiste, ¡ay!, tú, ni fue su madre,
quien tensó así el arco de sus cejas para la expectación.
No fue por ti, muchacha, que lo sientes, no fue tu contacto
lo que hizo que sus labios se curvasen en una expresión más fértil.
¿Crees de verdad, acaso, que tu delicada aparición,
tú, que pasas como la brisa matutina, le habría conmovido?
Cierto es que le aterrorizaste el corazón; pero otros miedos más antiguos
se agolparon en él por el impulso del contacto.
Llámalo... Tu llamada no le hace salir del trabajo con potencias oscuras.
Él, sin duda, lo quiere, se escapa; aliviado se familiariza
con tu escondido corazón, y en él se asume y se inicia a sí mismo.
Pero, ¿es que pudo iniciarse alguna vez?
Madre, tú lo hiciste pequeño, tú fuiste su principio;
él era nuevo para ti; tú inclinaste sobre sus ojos nuevos
el mundo amigo y le apartaste del extraño.
¿Dónde, ay, han ido aquellos años cuando tú, sencilla,
con tu esbelta figura le defendías del caos fluctuante?
Así tú le ocultaste muchas cosas; le hiciste inofensivo el cuarto envuelto
en sombras de la noche, desde el inmenso refugio de tu corazón
añadiste a su espacio nocturno otro más humano.
No en la tiniebla, no, sino en tu existencia mucho más cercana
encendiste la lámpara de noche que brillaba como una luz amiga.
No había crujido alguno que no disiparas sonriendo, como si desde siempre
hubieses sabido cuándo la madera del pasillo se comporta así.
Él atento te oía y se calmaba. ¡Tanto podía la ternura
de tu presencia! Tras el armario, en el alto gabán,
se escondía su destino, y se asentaba entre los pliegues
de la cortina, desplazándose con suavidad, su porvenir inquieto.

Y él mismo, mientras yacía sosegado, por debajo de sus párpados
soñolientos disolvía la dulzura de tu leve silueta
en un paladeado adormecerse:
¡parecía seguro...! Pero dentro, ¿quién le defendía?,
¿quién podría detener en su interior las aguas del orígen?
¡Ay!, allí no había cautela alguna en el durmiente: durmiendo
pero soñando, o en estado febril: ¡cómo se entregaba!
Él, el nuevo y medroso, cuán enredado estaba
en las cada vez más arraigadas lianas de su acontecer interior,
entrelazadas según arquetipos, una vegetación exuberante,
acosadora como el mundo animal. ¡Cómo se abandonaba!
Amaba. Amaba su intimidad, su maraña interior,
esa selva ancestral que había en él, sobre cuyo mudo derrumbamiento
se alzaba, de un verde luminoso, su propio corazón. Amaba, Lo dejó,
se guió por las propias raíces hacia un inmenso origen
donde su pequeño nacimiento había surgido. Amando
descendió hasta la sangre más antigua, a los barrancos
donde yacía lo terrible, ahíto aún de sus padres. Y todos los espantos
lo conocían, le guiñaban los ojos, era como un asentimiento.
Sí, le sonreía lo horrible... Rara vez, oh madre,
le has sonreído tú con más ternura. ¿Cómo
no iba a amarlo si le sonreía? Lo amó antes que a ti,
porque cuando tú le llevabas en tu seno,
estaba disuelto en el agua que hace ligera a la semilla.

Mira, nosotros no amamos como las flores, siguiendo tan sólo
el ciclo del año. A nosotros, cuando amamos, nos sube por los brazos
una sabia inmemorial. Oh, muchacha,
esto: que amemos en nosotros no a Uno, un ser que ha de venir,
sino la innumerable germinación; no a una criatura sola,
sino a los padres, que, como escombros de montañas,
reposan en nuestro fondo; sino el cauce seco
de las madres antiguas; sino todo el paisaje silencioso
bajo un destino claro o sombrío:
esto, muchacha, se te anticipó.

Y tú misma, ¿qué sabes?- Tú sólo conjuraste
su pasado remoto en el amante. ¡Cuántos sentimientos
no se revolvieron al emerger de seres desaparecidos! ¡Cuántas
mujeres no te odiaron, allí! ¡Cuántos hombres sombríos
no has agitado en las venas del muchacho! Niños muertos
querían ir hacia ti... Oh, quedo, quedamente,
propónle una amorosa y fiable tarea cotidiana, llévale
hasta el jardín, dale la supremacía
de las noches...
Reténle...

RAINER MARIA RILKE